El Bulevar de la Vida

EL BULEVAR DE LA VIDA

Pablo McKinney
LA GRAN ENCRUCIJADA

Es la gran disyuntiva: la abuela VS el CIPAF. Los de la generación uasdiana modelo años ochenta, viajamos entre nuestra formación en hogares tradicionales de rígida educación doméstica, de “mandados” y “pelas”, y las adorable y loca subversión de las mujeres alternativas, cipafianas o no, de los ochentas.
Mujeres capaces de preguntarte, después de la primera batalla de los cuerpos, mientras descubres que “en el desorden de muebles tendidos, tu pantalón abraza su vestido, y tu zapato al suyo pisa, aún”, capaces de preguntarte:
-Por cierto, compañero, ¿es factible, en esta coyuntura de 1984, la creación de un frente de izquierda? Y ahí mismo, custodiada de la mañana que saluda por las persianas, fumarse un Nacional de tres por cinco, como si nada.
Ellas son así: románticas y pragmáticas… todo a la vez.
Nuestra generación quedó marcada por esas jóvenes alternativas de entonces, que nos enseñaron a leer a Neruda en el brillo de sus ojos verdetristemar o nos regalaron el “Inventario” de Mario Benedetti como si fuera una Biblia, (y en cierto modo lo era).
Gracias a ellas, no solamente fregamos con astucia y colamos café con gran talento, sino que, después de haber saboreado la pasión edulcorada con poesías, besos y poemas de Vallejo, es muy difícil construir el futuro con una mujer sin más luz que sus ojos, sin más palabras que sus labios, sin más fulgor que el de su cuerpo.
Que el sexo sin amor, ay, como la abeja, muere con la victoria.
Los de la generación uasdiana años ochenta, admiramos de la mujer tanto la cintura como el cerebro, la cabeza como sus pechos, su buen decir como su pelo. ¡Eso! Que somos prisioneros del buen decir, de la cultura antes y después del amor, y por qué no decirlo: Somos alérgicos a las mujeres cisnes: esas que son hermosas, muy hermosas... pero sólo hasta que abren la boca.
Es la gran disyuntiva de una generación marcada por Edipo y CIPAF. Una generación que ya no puede querer sin compartir y no es capaz de amar sin admirar. Sin admirar algo más que unos ojos brujos, algo más que una piel de ébano en Mona Lisa, una esbeltez de tarde de domingo, un pelo ensortijado de luz, o esa loca juventud que siempre presagia cabalgatas… pero, como dice El Kates: “de caricias de paso no surgen sino amores de emergencias… y siempre se vuelve al principio, es decir a la soledad”.

El Nacional, viernes 14 de octubre de 2004.

Comentarios